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martes, 29 de abril de 2008

* Aquello se fue *


Ya no me daba cuenta de que existía. No existía en mí misma, sino en Aquello ..
Aquello se transformó poco a poco en mi razón de ser. Me liberaba de mí misma para llevarme a un mundo de fantasía, a un sueño. Lo necesitaba para ser, y, al mismo tiempo, para no sentir mi ser.
Aquello se apoderó de mi vida para representarme la suya..
Pero de pronto escapó y todo se desmoronó de golpe.
No podía comprenderlo ¿qué había pasado?.. Hace un instante todavía estaba aquí y aun cuando no apareciera pesaba sobre mi corazón y yo me sentía llena...
Pero ya era demasiado tarde, las palabras ya no tenían sentido…
Era tan poco culpable… pero alguna vez tenía que encontrarme sola y retornar a mi nada.

Luego vino el miedo, el horror y las noches sin sueño. Salía a vagabundear de noche y miraba de lejos las aguas resplandecientes, y se me oprimía el corazón cuando recordaba esas dulces melodías que Aquello se había llevado consigo…

Me costaba asimilar que se había ido para siempre… Comenzaba el aprendizaje de la soledad.

lunes, 28 de abril de 2008

* nuestro asolamiento *



El sol había disipado las nubes, el tiempo era bueno… íbamos juntos caminando a paso lento, como con gravedad fingida, abandonados al viento que nos empujaba.
De pronto algo nos detenía, permanecíamos quietos el uno frente al otro.
Dejabas caer sobre mí una clara mirada, veía mi reflejo en tus ojos deslumbrantes y te devolvía una graciosa sonrisa.
Nos abrazábamos y podía sentir tu aroma que se impregnaba en mi piel y me hacía recordar a cada momento el calor de tu cuerpo… aquel momento lleno de grandeza en que el silencio sólo se rompía con el susurro de tus palabras complacientes que aceleraban los latidos en mi pecho. Comenzaba a acariciar tu pelo y sentía como si fuese transportada a otro mundo en donde no existía nadie más que tú y yo, entre tus brazos no había temores ni inseguridades. Todos los momentos junto a ti estaban dotados de una calidad rara y preciosa, eran tan sublimes…

Luego todo desapareció.

No hay aventuras, no hay momentos perfectos… hemos perdido las mismas ilusiones, hemos seguido los mismos caminos.

Ahora más que nunca me haces falta. Hubiera querido llevarte conmigo para siempre…

domingo, 27 de abril de 2008

* crónica de otra muerte anunciada *





Me dejé ir hacia atrás y cerré lentamente los párpados… pero las imágenes, en seguida vigilantes, saltaron y vinieron a colmar mis ojos cerrados.




- Me despierto sobresaltada. Ha vuelto, para quitarme toda esperanza… lo siento todo el tiempo, hasta cuando duermo, no puedo olvidarlo…
Qué puedo hacer? En realidad, no me queda ninguna razón para vivir, todas las que probé aflojaron y ya no puedo imaginar otras… Toda mi vida está detrás de mí. La veo entera, veo su forma, veo los lentos movimientos que me han traído hasta aquí…
Me encuentro de nuevo en el lugar donde tan claramente sentí que estaba olvidada. Me encuentro sola y libre, pero esta libertad se parece un poco a la muerte. Para qué insistir?, ya había conocido todo lo que podía saber de la existencia. -

Sonreí. Pensé: “cuánto tiempo que no sonrío”.

La habitación estaba desierta. Me costaba reconocerla porque sabía que no volvería a verla nunca más.

jueves, 24 de abril de 2008

* Historia de un final *


Sus ojos, que yo miraba embobada, me despedían. Ahora lo comprendo, lo comprendí desde el primer día, aun así en aquel momento no me fui, estuve ahí resueltamente indiscreta…
Yo no le tenía miedo, el miedo era hacia mí misma. Había algo en su voz que me trastornaba, una inmensa repugnancia me invadía al oír cada una de sus palabras y surgía de su rostro un nosequé árido y desolado.
Permanecimos un momento silenciosos. Había caído la noche y apenas distinguía la mancha pálida de su rostro.
Miré su hermosa frente serena y lo dejé. Demostraba cierta resignación pero al mismo tiempo llevaba la cabeza alta… Se apagó mi mirada, el cuadro se empañó.
Quise apartarlo de mi pensamiento porque, a fuerza de imaginar su cuerpo y su rostro, había caído en una extremada nerviosidad; me temblaban las manos y sentía por todo el cuerpo estremecimientos helados.
Hay pocas cosas que decir de él: una partida perdida, eso es todo. Mi pasado ha muerto. Ahora entiendo cuánto había contado con él para salvarme, en lo más profundo de mis terrores.