De improviso despertó como saliendo de un plácido sueño, levantó la cabeza y lo divisó a lo lejos.
Venía saliendo del tercer vagón con ese caminar despistado que lo caracterizaba. Se acercaba a paso lento y con aquella expresión sarcástica pero a la vez graciosa con la que la miraba cada vez que la sorprendía fumando, detestaba el humo del tabaco y le reprochaba el hecho de que fumara, sin embargo, lo hacía con un singular toque de humor al que ella respondía con unas cuantas carcajadas.
- “ ay! Pero si fumo sólo de vez en cuando”
- No es cierto, siempre que estás conmigo o nos vamos a reunir te fumas unos cuantos cigarros, bastantes diría yo!
Quedó un poco perpleja ante esta observación, la verdad es que después de un instante cayó en la cuenta de que él tenía toda la razón… comenzó a buscar una explicación lógica… acaso el cigarrillo es un mecanismo amortiguador de emociones? Será acaso que ayuda a fluir las palabras con mayor facilidad? O tal vez con tan sólo expulsar el humo liberamos unas cuantas tensiones?... quizás la respuesta sería todas las anteriores. Lo único que en ese momento tenía claro es que cada vez que lo veía sentía estremecimientos por todo el cuerpo, aceleración de los latidos y una sensación de encontrarse con una situación extrema…
Subieron caminando pausadamente hacia el parque de la avenida principal sin saber qué decirse el uno al otro.












